a Helena
Por aquí
los días son largos, tranquilos y felices.
La brisa arrastra un rumor de campana lejana
que se pierde en las paredes
y en la calle hay una voz que quiere pasar
y siempre se queda en el aire.
Nada le falta a esta tierra,
la espuma se posa en la orilla, descansa en ella,
capas y capas de espuma caliente y espesa y salada;
toda la playa es un lento naufragio
donde se ahogan y duermen las horas.
Nada le falta a esta casa,
las cuatro paredes protegen del viento
al sueño profundo de sábanas limpias,
hay una puerta que siempre recibe y
una ventana entreabierta por la que entra
extraña mezcla de noches y albas.
Nada le falta a este cuerpo,
todo en él es quietud serena.
Recién saciado de estrellas y flores,
en el regazo olvidadas las manos,
mira sin mirar,
porque todo se le agolpa en el pecho
y el corazón no aguanta tanta vida.
Plenitud es echar de menos,
eternidad con sabor a despedida.